Salsifrutas

Cheesecake Casero con Salsa de Frutos Rojos 

La Receta que Otis

Por Johana — desde Facatativá, con amor.

En la casa de mis padres no había libros de cocina.

 

Otis —así le decíamos a mi mamá desde que yo era pequeña, porque “Otilia” se sentía demasiado formal— nunca necesitó uno. Las recetas vivían en sus manos. En la manera en que pellizcaba la sal sobre la olla sin mirarla. En el tono exacto que tomaba el dulce cuando ya estaba listo. En ese silencio particular que se hacía en la cocina cuando ella sabía, sin termómetro ni reloj, que era el momento.

 

Crecimos cuatro hijas en esa casa de Facatativá. Mis tres hermanas mayores aprendieron antes que yo a moverse entre la estufa y el mesón. Yo, siendo la menor, aprendí mirando. Me sentaba en el escalón que separaba la cocina de la sala y observaba como quien ve una película que ya sabe de memoria pero que igual emociona.

 

El cheesecake llegó a nuestra vida un diciembre. No sé de dónde sacó Otis la idea. Probablemente de alguien que vivía en Bogotá y que siempre llegaba a las reunionescon “cosas raras del supermercado”. Pero lo que empezó como experimento se volvió tradición. Y la tradición, en nuestra familia, es ley.

 

Este cheesecake no es el de los restaurantes. No tiene esa textura perfecta de pastelería. Tiene algo mejor: tiene la imperfección de lo hecho a mano, la cremosidad de quien no apuró el proceso, y encima de todo, tiene la salsa de frutos rojos que Otis preparaba con las moras y fresas que mi papá traía del mercado los sábados por la mañana.

 

Hoy les comparto la receta. Sin medidas exactas al principio  —porque así era Otis — y luego con las que yo fui aprendiendo a calcular con los años.

Ingredientes (para 6 waffles medianos)

Ingredientes (para 8 porciones)

Para la base:

 

  • 200 g de galletas tipo María o de vainilla
  • 80 g de mantequilla sin sal, derretida
  • 1 cucharada de azúcar

Para el relleno:

 

  • 500 g de queso crema (temperatura ambiente)
  • 200 ml de crema de leche
  • 150 g de azúcar pulverizada
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • Jugo de ½ limón
  • 10 g de gelatina sin sabor (si es sin horno)

Para acompañar:

 

  • 150 ml de Salsa de Frutos Rojos salsifrutas
  • Moras frescas al gusto para decorar

Preparación

Paso 1 — La base: lo que sostiene todo Tritura las galletas hasta obtener un polvo grueso. Otis las metía en una bolsa de plástico y las aplastaba con el tarro de la harina. Mezcla con la mantequilla derretida y el azúcar hasta que se sienta como arena húmeda. Presiona firmemente sobre el fondo de un molde desmontable de 22 cm. Lleva a la nevera mientras preparas el relleno. 

“La base no puede quedar suelta,” dice Otis. “Una base que no aguanta no sirve para

nada. Ni en la cocina ni en la vida.”

 

Paso 2 — El relleno: la paciencia como ingrediente Bate el queso crema a velocidad media hasta que esté completamente suave y sin grumos. Este paso no se puede apresurar. Agrega el azúcar pulverizada, poco a poco, luego la esencia de vainilla y el jugo de limón. En una taza aparte, disuelve la gelatina en 3 cucharadas de agua fría, déjala reposar 2 minutos y luego caliéntala 15 segundos en microondas. Agrégala a la mezcla de queso sin dejar de batir. Por último, incorpora la crema de leche ya semibatida con movimientos envolventes.


Paso 3 — El ensamble y la espera Vierte el relleno sobre la base de galleta. Alisa con una espátula. Lleva a la nevera por mínimo 6 horas. Lo ideal es dejarlo toda la noche. Otis siempre lo hacía la tarde del día anterior. Nunca el mismo día. “Los postres que se apresuran saben a afán”, decía.


Paso 4 — La salsa que lo cambia todo Justo antes de servir, vierte generosamente la Salsa de Frutos Rojos Salsifrutas sobre el cheesecake frío. Deja que caiga sola, sin empujarla demasiado. Decora con moras frescas.